No existe disciplina alguna que no esté construída en base a una serie de conceptos básicos y elementales, todos y cada uno de ellos necesarios para llevar a cabo los objetivos de la misma. Desde las reglas deportivas, los estándares de comercio, las leyes que componen una constitución, etcétera, todo se sustenta en un balance entre la teoría y la práctica. Esto ha sido así desde tiempos inmemoriables hasta la actual modernidad. Obviamente el Project Management no es la excepción a la norma, y entre la considerable cantidad de elementos teóricos y prácticos que coexisten alrededor de esta disciplina uno de los más básicos es el llamado Triángulo de Hierro, el cual no se trata de ninguna figura geométrica sino de un marco de visión compuesto por tres cuestiones esenciales que todo PM debe hacer y responder con cada nuevo proyecto.
Esta primer pregunta puede ser la más compleja de responder, pues varía según los objetivos y el estándar de éxito del cliente. Suele ocurrir que aquellos resultados que para una persona son éxitos a presumir, para otra son apenas parte del proceso necesario para llegar a la meta. Lo que todo PM debe sí o sí tener en claro para responder esta primer pregunta es el alcance y dimensiones del cliente. No es lo mismo, ni en dificultad ni en tiempo, lo que puede abarcar llevar a cabo un proyecto para un negocio local, una PyME o una corporación nacional o internacional; cada una de las escalas cuenta y a su vez cada una de éstas infiere en la posible respuesta. Por cierto, responder esta pregunta suele responder consigo otras, principalmente la de ¿cuál será la metodología a implementar?. Eso sí, todo PM debe dejar claro ante el cliente que, una vez se tenga la respuesta a esta primera cuestión, se debe evitar en la medida de lo posible modificarla, sobre todo una vez que se ha llegado hasta la fase de Ejecución del Proyecto.
El mercado es un juego de peces grandes y pequeños, donde cada aleteo es capaz de modificar corrientes y crear oleajes. Cuando se analizan las estadítiscas, se revisan tendencias, se desenpolvan los históricos, surge una paradoja: nunca y siempre es el mejor momento. El mercado es un entorno cambiante. Lo que hoy vale millones mañana puede que se desplome en valor, y con cada subida y bajada las condiciones de llevar a cabo un proyecto también cambian. En ciertos rubros puede que las condiciones sean más sólidas, pero en otros no es así, sobre todo en las áreas comerciales modernas relacionadas con tecnología, donde el término de "obsoleto" está siempre rondando cada esquina. Llevar a cabo un estudio de mercado es la mejor arma que todo PM posee para defenderse ante la volatibilidad del entorno económico, aunque eso sí, para manejar esta arma con efectividad se necesita de una parte que va más allá de las matemáticas de registro: la intuición. Cuándo se debe confiar más en los números y cuándo en las corazonadas es algo que no posee una respuesta correcta; alguien con bastante experiencia puede inclinarse más a su intuición desarrollada, mientras que, por el contrario, alguien que recien inicia debe confiar más bien en las cifras y los datos. Eso sí, como tip cabe destacar que mientras más pequeño el negocio más rápido debe llevarse a cabo el proyecto, pues las condiciones del mercado y las amenzas suelen afectar con mayor incidencia a los "peces pequeños", quienes suelen poseer muchos menos recursos disponibles.
Y es que, precisamente, lo que diferencia a las "ballenas" de los "peces" es su tamaño, que en el mercado se mide en base a recursos; los recursos, como bien se sabe, abarcan toda una gama de variedades, desde el capital financiero hasta el capital humano, todos y cada uno de ellos con ventajas y desventajas. Por cierto, no hay que olvidar el tiempo, que para una "ballena" puede ser muchísimo más si se compara con aquel disponible entre los "peces". Una de las cualidades obligadas de todo PM es la del sentido de responsabilidad, pues cuando se encarga un proyecto, el cliente pone a disposición del PM equis cantidad de recursos que, aunque el PM maneja a su criterio, no dejan de ser recursos ajenos. Lo mejor siempre es no saturar nunca los recursos disponibles, es decir, si mi pronóstico me dice que el margen optimo de capital financiero son un millón de pesos, lo mejor que puedo hacer es no gastar todo ese millón de pesos y aún así tener claro que el proyecto es todavía finalizable con éxito.